¿Cómo podemos luchar contra este estigma?

El rol principal para luchar contra este estigma recae en los pacientes y profesionales del sector, pero tú, como familiar o allegado, puedes ayudar mucho en esta situación. El primer paso, y el más importante, es aceptar que esa persona padece un trastorno, como puede ser la ansiedad, y apoyarle en todo lo que necesite.

¿Qué es la ansiedad?

La palabra ansiedad se utiliza para describir esos sentimientos y reacciones que surgen cuando nos sentimos amenazados, incluso antes de que el peligro sea identificado. Es una respuesta emocional que nos permite sobrevivir.

La ansiedad es la anticipación a una amenaza, una respuesta emocional ante situaciones que consideramos amenazantes. Es importante destacar que la ansiedad por sí misma no es buena o mala, es adaptativa y necesaria: es un mecanismo universal, que se da en todas las personas.

Tiene la importante función de movilizarnos frente a situaciones que consideramos preocupantes, y así mantener nuestro organismo alerta y dispuesto para intervenir frente a estos riesgos y amenazas, para que no se produzcan, o se minimicen sus consecuencias. Pueden ser respuestas básicas como pisar el freno de un coche cuando cruza un peatón de manera inesperada, o incluso prepararse el día de antes de una entrevista de trabajo.

El problema viene cuando los síntomas (como aprensión, incertidumbre y preocupación) surgen en ausencia de un riesgo o amenaza grave, y son de mucha intensidad durante un período de tiempo largo. Podríamos decir, que aquí es cuando la ansiedad se vuelve patológica: cuando la preocupación es desproporcionada, excesiva, concurrente o irracional. Y no nos permite continuar con nuestras actividades de la vida cotidiana o nos afecta a nuestra calidad de vida. En estos casos, acontecimientos, hechos sencillos o no importantes, pueden provocar sentimientos de ansiedad. En los estados de ansiedad el miedo ante una posible situación o acontecimiento aumenta de manera desproporcionada.

Los sentimientos de ansiedad no solo pueden condicionar psicológicamente a una persona, sino que también pueden llegar a ser la causa y/o la consecuencia de síntomas físicos y psicológicos del estrés. La reacción física puede ser a veces tan intensa que llega a producir ataques de pánico o incluso convulsiones. Por ello, el trastorno de ansiedad debe ser diagnosticado y tratado, ya que afecta en ocasiones gravemente a la calidad de vida del paciente.

Un trastorno difícil de diagnosticar

La ansiedad no es solo un síntoma que aparece en muchas enfermedades, sino también una enfermedad difícil de detectar, por dos principales motivos: por un lado, es un tema que aún se considera tabú de una manera u otra. Por otro, a veces los propios pacientes no saben que los síntomas que padecen se deben a un trastorno de ansiedad y piensan que son reacciones normales que podrán controlar ellos mismos. Por eso, los pacientes acuden a las consultas médicas para quejarse de molestias como insomnio, inquietud u otros problemas psicosomáticos, como dolor gastrointestinal o dificultad respiratoria, que no son otra cosa que la respuesta del organismo ante estados de ansiedad. Esto se puede deber a que no quieren que se les identifique como pacientes con trastorno mental, o porque ellos mismos no saben el porqué de sus síntomas. Esta situación agrava una detección que debería ser temprana para no permitir que los síntomas y la enfermedad avancen.

Prevalencia: una patología común

Los trastornos de ansiedad pueden aparecer en cualquier etapa de la vida, en cualquier clase social y sin motivo alguno. Durante las últimas décadas, se han llevado a cabo un gran número de estudios que analizan la prevalencia de los trastornos de ansiedad, debido al aumento de pacientes en los últimos años.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 260 millones de personas en el mundo conviven con este trastorno mental, por tanto no están solos. Un estudio europeo reciente ha realizado unas estimaciones de prevalencia anuales preocupantes: un 14% para los trastornos de ansiedad, un 7% los de insomnio y un 6,9% los de depresión clínica. 1

Estudios epidemiológicos indican que, en la población de más edad, la presencia de un trauma psíquico, de enfermedades físicas, de síntomas depresivos o fobias, de conflictos y una personalidad introvertida, están correlacionados con una prevalencia más alta de ansiedad. 2

¿Qué les pasa?
La experiencia de aquellos que sufren

Vivir con ansiedad intensa y prolongada en el tiempo, es como tener el radar de catástrofes encendido constantemente. Quienes la padecen, creen que nunca pueden descansar de la preocupación y casi nunca logran sentirse realmente seguros. En cuanto surge un pensamiento inquietante, sienten la necesidad de esclarecerlo de inmediato. También procuran evitar todo malestar emocional y tienen dificultades para vivir en el momento.

A menudo les preocupa todo, desde problemas cercanos, hasta la situación actual en el mundo, también anticipan posibles escenarios ante una situación que les intranquiliza. Casi todo puede percibirse como una amenaza desde sus ojos, y pueden llegar a sentir una enorme necesidad de control.

Cuanto más espacio se toma la ansiedad, menos espacio queda para vivir la vida que quizás quisieran vivir. A veces, incluso, muchas personas creen que realmente esa excesiva preocupación puede llegar a ser positiva y útil en su día a día, haciendo realmente difícil el diagnóstico y posterior tratamiento.

¿Por qué se siente?

No está del todo claro cuáles son las causas de los trastornos de ansiedad. Ciertas experiencias de vida, como por ejemplo acontecimientos traumáticos o aprendizajes sobre conductas / preocupaciones erróneas, pueden ser el origen de los trastornos de ansiedad.

Además, para algunas personas, la ansiedad puede estar relacionada incluso con un problema de salud oculto. En algunos casos, los signos
y síntomas de ansiedad actúan como indicadores de una enfermedad.

Los siguientes factores también pueden